miércoles, 12 de julio de 2023

La conquista republicana de La Sisla por Emiliano Rodríguez Garrote

La pasada semana Pepe Lozano (Vestigios de la Guerra Civil. Desde la provincia de Córdoba) me informó de la existencia del libro “Yo cumplí con mi deber”, que relata las experiencias de Emiliano Rodríguez Garrote durante la Guerra Civil.

 

Emiliano Rodríguez, nació en Porcuna (Córdoba) y al inicio de la Guerra Civil era sargento del Regimiento de Ferrocarriles. Acudió al Alcázar de Toledo y combatió en El Puente del Arzobispo, el frente de Santa Olalla y Maqueda, frente de Algodor y en La Sisla (Toledo).

 

Nos detenemos en el combate de la conquista republicana de La Sisla el 30/10/1936. Unos días antes, el 15/10/1936, las tropas franquistas habían tomado esa posición, la de Alijares y la ermita de la Guía, unas posiciones al sur del río Tajo, que permitían defender mucho mejor la ciudad, que se encuentra a menor cota. Con ello, habían generado lo que se conoció como cabezas de puente del puente de San Martín o de los Cigarrales y de Alcántara o Alijares. La posición de La Sisla se mantuvo en manos republicanas hasta la segunda ampliación de la cabeza de puente de Toledo franquista, la de su unificación, en septiembre de 1937.

 

El combate del día 30/10/1936 Emiliano lo narra con las siguientes palabras:

 

Yo cumplí con mi deber

Capítulo V. Cien combates y un descanso a Valencia

 

El Palacio de la Sisla estaba construido de piedra y cemento, por lo que las fuerzas de Franco llegaron a convertirlo en un fuerte inexpugnable.

 

La misión de esta conquista, fue confiada al mismo Capitán Guardia y pude apreciar que este valeroso capitán, puso su mayor empeño en aquella operación de la que, por encima de todo, había que procurar saliera bien por ciertos intereses de tipo moral y profesional.

 

El planteo se realizó concienzudamente, y para la primera línea se escogieron fuerzas fogueadas en combates de verdadera importancia; también nos tocaría llevar a nosotros fuerzas de la guardia civil de la que nos habíamos traído del Cuartel de Arrancapinos de Valencia.

 

Por fin, todo quedó dispuesto para levantar la marcha que constituirían la integración de un batallón a las inmediatas órdenes del capitán D. Pedro Guardia Hernández, y como aún seguía yo prestando mis servicios con él, quiere decirse que tendría un protagonismo en la proyectada operación denominada “Golpe S”.

 

Por la mañana del día 30 de octubre, fuimos trasladados en camiones hasta el pueblo de Burguillos, y una vez en tierra, el Batallón fue desplegándose con una Compañía en el centro y dos Compañías a los lados, así como otra Compañía en retaguardia para cualquier eventualidad.

 

El terreno se encontraba poco practicable puesto que se trataba de un bosque de espeso encinar y muy lleno de brozas. Cuando la noche tendió su oscuro manto, una tenue llovizna vino a entorpecer nuestra marcha; no obstante, nosotros continuamos nuestro cauteloso avance.

 

Las fuerzas enemigas que se hallaban en el Palacio, estaban tan confiadas de que no se les atacaría en aquella fortaleza que no llegaron a tomar ni la menor precaución al respecto.

 

Bien entrada la noche llegamos a enlazar las tres Compañías que teníamos por misión cercar el palacio. Una bengala de color rojo dio la señal de abrir fuego y en cosa de segundos, el palacio y sus alrededores hirvieron como una olla de legumbres al fuego.

 

Los fascistas se vieron cercados y batidos por nuestra fusilería, ametralladoras y morteros.

 

Estaba visto que el enemigo no esperaba aquel ataque, y cuando se vio rodeado por aquello cortina de fuego se descolgaban por las paredes en actitud de suicidas.

 

Las fuerzas fascistas de Toledo que se percataron del ataque, también abrieron fuego de artillería y ametralladoras sin precisar contra quién, porque lo mismo nos podían alcanzar a nosotros con su fuego graneado, que a sus propios compañeros que aún quedaban en el palacio y sus márgenes.

 

Nuestro objetivo era el de Conquistar el palacio y una gran franja de terreno antes de que amaneciera, puesto que de sobra sabíamos que vendría aviación en defensa de los guardias civiles fascistas que defendían el palacio, al igual que se tratara de una fortaleza.

 

El combate, hubo unos momentos en que se truncó confuso, puesto que en algunos momentos nos llegamos a juntar las fuerzas del enemigo y las nuestras, y cuando esto ocurre, es difícil identificarse y más aún cuando se trata de una posición que no está en línea; incluso después de tomar aquel gran palacio hubo escaramuzas debido a que en algunos salones nos juntábamos guardias civiles del enemigo y guardias civiles nuestros y todavía más confuso al juntarnos en un mismo departamento del palacio nuestras propias fuerzas desde dos lugares distintos.

 

Estos casos son los más difíciles y peligrosos en la guerra y a los que más he temido yo personalmente.

 

Sobre las dos de la madrugada, la operación quedó coronada por el mayor de los éxitos, y a la vez que el palacio, dejamos cubierta y custodiada una franja de unos ocho kilómetros de larga.

 

A la hora del recuento, he de decir que tuvimos un buen número de bajas aunque el enemigo tuvo pérdidas más cuantiosas que nosotros.

 

A la mañana siguiente se dispuso que la primera Compañía guarneciera el palacio propiamente dicho, mientras que la cuarta compañía mandada por mí, mantenía la franja de terreno a que anteriormente hacía mención.

 

Esta franja, por uno de los extremos coincidía con la era del palacio de la Sisla y nos encontrábamos a menos de mil metros de distancia en línea reca a la capital de Toledo. Podíamos decir que estábamos encima de la capital.

 

La tercera Compañía fue destinada a guarnecer un cigarral que había a la derecha del palacio, y por fin, la segunda Compañía quedó un poco rezagada como en reserva por si acaso se producía un contraataque enemigo.

 

Cualquiera que hubiera presenciado aquella operación con simplemente un Batallón, se habría dado perfecta cuenta de que había estado planeada por un militar experto de la talla del Capitán Guardia.

 

Tan pronto apareció el sol, se desencadenó un fuego cruzado por parte de ambos bandos que, bien visto, era un desgaste de munición ya que no se batía ningún objetivo determinado.

 

Sobre el mediodía, recibimos una buena remesa de material y herramientas para que fortificáramos aquellas posiciones, y sobre todo, se me ordenó que hiciera patente a los soldados que estaba prohibido disparar contra ningún edificio de Toledo por estar considerados como monumento Nacional; sin embargo poco miraron los fascistas al convertir el monasterio de Guadalupe en fuerte de guerra. ¡Claro que nosotros éramos la República y ellos eran el fascismo!.

 

Por las noches celebrábamos coloquios con el enemigo debido a lo cerca que estábamos unos de los otros.

 

Emiliano Rodríguez Garrote.


Fotografía aérea de 1938 (AGMAv).



Fotografías desde La Sisla (AHEA).










La Sisla (RFG, 22/08/2016).


 

Mapa de combates en la cabeza de puente de Toledo (RFG).


 

Más información del Palacio de la Sisla en:

-       Blog “Toledo Olvidado”. El Palacio de la Sisla.

-       Blog “Toledo GCE”. La Guerra en el Palacio de la Sisla.

-     AHPT. La Sisla, monasterio y palacio.

-       Blog “David Utrilla”. La ruina de la Sisla.


Fuentes

 

-       Rodríguez Garrote, Emiliano. Yo cumplí con mi deber.

-       AGMAv.

-       AHEA.

 

Notas:

 

1. Por favor, si copias, no me importa pero cita el blog https://vestigiosguerraciviltoledo.blogspot.com


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