Carlos
Vela Monsalve (Quito, Ecuador, 1904 - Santo Domingo de los Tsáchilas, Ecuador, 1979) fue uno de los corresponsales extranjeros que visitaron el frente
de Toledo y Madrid bajo la observancia de Alberto Aguilera Munro. Trabajaba para “El
Diario Ilustrado” de Santiago de Chile, que publicaba sus crónicas.
Además, fruto de su paso por España publicó un libro titulado “España después
del 18 de julio” en 1937. De su lectura, se puede intuir que llegó a España
en julio de 1936, que estaba en Salamanca el 31/10/1936 y que a partir de
esa fecha realizó viajes al frente de Madrid desde Talavera de la Reina, lugar
de alojamiento de los corresponsales. De ahí que, no parece que asistiera a la
toma de la ciudad de Toledo.
Carlos Vela Monsalve como corresponsal de guerra en
España
Gracias
a la generosidad de Gonzalo Vela Bustamante, sobrino nieto de Carlos, que tiene un
blog en honor de su tío y que nos ha facilitado el libro que publicó sobre la guerra, podemos
aportar aquí lo que recoge el libro referente al frente toledano.
Portada e índice de “España después del 18 de julio”.
Tal
y como indica Gonzalo Vela en el blog, Carlos Vela Monsalve fue un reconocido sacerdote
jesuita ecuatoriano, abogado, profesor, académico, periodista y corresponsal de
guerra. Añade que fue ampliamente conocido en los ambientes
universitarios. Recorrió todo el Continente Americano, fue invitado a
Europa, América del Norte y Asia. Doctor en Derecho, Profesor de la Universidad
Católica de Quito, contratado para dictar cursos de Sociología en la Universidad de San Luis (Missouri, EEUU), fundador de la Asociación Nacional de
Empresarios, asesor del Consorcio de Abogados Católicos de Quito, miembro
de la Comisión Revisora del Código de Trabajo en 1964, escribió más de
veinte libros y folletos.
Por otra parte, el libro "Los Voluntarios latinoamericanos en la Guerra Civil Española" recoge que Carlos cayó prisionero de los republicanos y al regresar a Ecuador en 1939 entró en en una orden religiosa; pro-franquista, estuvo en el sector republicano durante un mes y seis meses en los frentes franquistas. Su viaje por España, quedó definido con las siguientes fechas:
- Llegada a Santander:14/07/1936 (pg. 5).
- Tolosa:18/07/1936 (pg. 5).
- Pamplona: 23/08/1936 (pg. 29).
- Burgos: 06/09/1936 (pg. 32).
- Salamanca: 31/10/1936 (pg. 128).
- Talavera de la Reina: 02/11/1936 (pg. 131).
- Salida de España a Francia por ferrocarril vía Hendaya: 30/01/1937 (pg. 153).
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“ESPAÑA DESPUÉS DEL 18 DE JULIO”
CREDENCIALES
Hemos
presenciado el formidable espectáculo del movimiento nacional español, que
inquieta al mundo y que agita todas las conciencias de los hombres. Antes que
dos ejércitos, son dos ideas antagónicas, dos conceptos fundamentalmente
opuestos de la vida, que dirimen palmo a palmo los suelos de España. Lucha sin
transacciones, en la que no caben términos medios ni posiciones cómodas de
tolerancia. No hay puntos neutros. Es el caso de "quien no está conmigo
está contra mí". Hemos observado personalmente desde las dos trincheras:
Poco más de un mes en la España roja y luego, seis meses en la España nacional,
visitando los frentes y las ciudades de retaguardia, haciendo vida de campaña,
sorteando en suma todos los accidentes de más de diez mil kilómetros
recorridos. Con el carnet de corresponsal de guerra y el Salvoconducto del Gran
Cuartel General, hemos pasado por tierras de Pontevedra, Lugo, La Coruña,
Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, Álava, Burgos, Palencia, Valladolid, Zaragoza,
Soria, Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca, Cáceres, Badajoz, Huelva, Cádiz y
Sevilla. Hemos pasado por lugares tales como Mérida y Almendralejo, como Toledo
y Maqueda, para no citar sino nombres de resonancia popular en la lucha por
la reconquista de España; hemos permanecido casi dos meses en Talavera de la
Reina, observando de cerca el asedio sobre la Capital desde las posiciones más
avanzadas, a las que llegábamos haciendo un recorrido diario que excedía a
veces de trescientos kilómetros por las carreteras de Illescas, Navalcarnero o
Getafe, que atraviesan una multitud de pequeñas poblaciones en su mayoría
abandonadas pero que aún muestran las impresionantes huellas de la lucha; hemos
asistido a la toma de los aeródromos de Getafe y Cuatro Vientos, y desde
Campamento de Carabanchel, presenciado, ensordecidos por el tronar de los
cañones, las operaciones sobre el Manzanares, los bombardeos de la artillería y
de la aviación nacionalista.
Estas
son las credenciales con las que iniciamos un libro en el que deliberadamente
se ha prescindido muchas veces de dar importancia a visiones cinematográficas,
para las cuales ni siquiera habríamos necesitado acudir al complicado
maquillaje de ciertos escritores. España para nosotros es una revelación.
Dolorida, despedazada, en jirones como está, alienta aún la misma sangre de
Quijote y de conquistador. De Quijote, que exhuma de los viejos arcanos de su
tradición las mejores bellezas de su ideario. De conquistador, de tierras como
sus aventureros capitanes, y de conquistador de almas como los apóstoles
fervorosos de su catolicidad...
XV
POR CAMPOS Y CIUDADES DE ESPAÑA
DE AVILA A TALAVERA DE LA REINA
Con
la misma fecha de la crónica que antecede (Salamanca, 31/10/1936), se nos dio en
Salamanca, en la Oficina de Prensa del Gran Cuartel General, salvoconducto para
"ir a Talavera de la Reina, visitar el frente acompañado de un oficial de
prensa y entrar en Madrid cuando se le autorice".
Habían
sido llamados allá todos los numerosos corresponsales de las agencias
periodísticas con objeto de que cumplieran los requisitos de este nuevo
salvoconducto, lo que naturalmente no lo conseguían aquellos cuyas actividades
merecían sospechas, no restándoles en tal emergencia más remedio que salir de
España. Así vimos partir a varios...
De
Salamanca fuimos a Ávila, para continuar al día siguiente. Ávila, como Burgos,
Valladolid y Salamanca, ofrecía el mismo espectáculo paradójico de paz y
sosiego, a las puertas mismas de la sierra del Guadarrama. Ávila está
indemne, parece no haber sufrido la guerra, bien que, como otras ciudades
españolas que vivían olvidadas en su modestia, ha pasado hoy por la fuerza de
las cosas a un primer plano de importancia y actividad. Invadida de
periodistas y de fotógrafos, poblada de militares y de familias forasteras que
aguardan el momento de poder ir a Madrid...
Desde
las torres almenadas de Ávila se adivina la ubicación del Monasterio del
Escorial, prisionero en manos de los rojos, que después habíamos de ver desde
Alcorcón y Carabanchel, emplazado, como una masa negruzca, en un peldaño de la
sierra, al pie meridional del Guadarrama. Los aviones y artilleros nacionales,
han respetado la venerable mole, aun cuando las tropas de Miaja lo han
convertido en una fortaleza. El Ejército nacional se abstiene de emplear contra
él sus recursos de guerra, porque quiere conservar para España el sagrado
monumento histórico y arquitectónico. Pero cuando llegue el momento inevitable
de la retirada preocupa saber si los rojos lo incendiarán como a Irún, lo
desvalijarán como a San Sebastián, se ensañarán en él como en el Palacio de
Liria del Duque de Alba, o lo volarán con dinamita como el Alcázar de Toledo.
¿Y el Museo de Prado con sus tesoros?... Son inquietudes que tendrán su
respuesta abrumadora tan sólo al final de la guerra, cuando se haga el balance
definitivo.
Para
el Diario Ilustrado de Santiago escribimos en esa oportunidad la
siguiente correspondencia:
Hemos
hecho noche en la vieja capital de Ávila, que por carretera alquitranada y
magnífica dista tan sólo 114 kilómetros de Madrid.
La
limpidez de su cielo y la pureza del ambiente, propios de la meseta castellana,
contrastan con este campo desolado, cubierto de enormes piedras, cárdenas o
amarillentas, con estas calles de trazado vetusto y el aspecto severo de sus
casas anti- guas y de más de veinte conventos e iglesias. Es la "patria
del misticismo", la ciudad de cantos y santos", la cuna de la portentosa
Santa Teresa de Jesús.
La
fisonomía y la nota característica de Ávila es, sin embargo, su Muralla, construida
en el siglo XI y la más completa edificación militar de la Edad Media que
existe en Europa. De proporciones imponentes, tiene un perímetro de 2,526
metros, con 88 cubos, nueve magníficas puertas y varias poternas.
La
Catedral, encajada en la muralla y formando parte del recinto militar,
fortaleza y templo a la vez, atesora en su fábrica gótica y románica copiosas
bellezas de los siglos XI al XVIII.
Un
conjunto admirable de casas fuertes y palacios señoriales completan esa genuina
fisonomía medieval de Ávila que hizo decir al poeta Zorrilla:
"La impresión que causa es
tan exótica y extraña,
cual si de Ávila a través
diera hacia atrás un paspiés
de cuatro siglos, España".
Ávila,
mística y guerrera, es hoy Cuartel General del General Mola, quien lo
trasladó hace poco tiempo de la ciudad de Valladolid para acercarse al campo de
operaciones y amagar de más cerca las entradas de la Capital española.
Dejamos
Ávila y continuamos viaje a Talavera de la Reina, verdadera llave que
abrió el camino de Madrid a las fuerzas nacionales.
Nuestro
compañero es el Capitán don Gonzalo de Aguilera, Conde de Alba de Yeltes,
que posee notables conocimientos de historia e idiomas y es propietario de una
bien nutrida biblioteca americana cuya existencia, estando en el Madrid rojo,
se hace ahora problemática, pues no sería extraño que la hubiesen destruido
tomando venganza contra los que sirven a España. Pertenece a la sección de
prensa del Cuartel General y a él debemos la oportunidad de hacer este
recorrido.
Va
también con nosotros, conduciendo el automóvil, el joven de 19 años don
Iñigo Barcáiztegui de Uhagón, que fue detenido por los rojos en los
comienzos del movimiento y llevado al fuerte Guadalupe de donde fugó con diez
compañeros, después de cuarenta días de soportar las torturas más atroces.
Asistió
al fusilamiento de su propio padre Conde de Lobregat, presenció los asesinatos
de Maura y Belunza, Jefes destacados de Renovación Española y Comunión
Tradicionalista, y de otros muchos más, y él mismo estuvo cinco veces a punto
de ser fusilado.
Hemos
pasado Navalperal, Cebreros, Maqueda
y otras pequeñas poblaciones que revelan, desde luego, las impresionantes
huellas de la lucha.
Es
posible que mañana podamos visitar el frente, y por hoy quedamos instalados en
Talavera de la Reina.
Noviembre,
2 de 1936.
XVI
FRENTE DE MADRID
En
Talavera de la Reina hemos permanecido más de un mes, y durante este tiempo nos
ha tocado en suerte presencia las operaciones sobre la Capital. Marchábamos en
la mañana salvando velozmente los cien kilómetros de distancia, y al caer de la
tarde estábamos de regreso para que los corresponsales extranjeros pudieran
enviar sus despachos.
Un
día de aquéllos Talavera de la Reina despierta antes de la hora
acostumbrada, con el bombardeo de la artillería enemiga. No de gran
intensidad, pero en todo caso, de gran alarma. De la otra vega del Tajo, muy
cerca, en los olivares de los faldeos vecinos, apuntan los cañones traídos del
lado de Cuenca por una división de tres mil milicianos. La mañana fría y
nublada del incipiente invierno, habría aconsejado este ataque creyéndose quizá
que la aviación no podría repelerlo. Pero treinta minutos después volaban dos
aviones de bombardeo y doce de caza que destruyen literalmente a la columna.
Describían grandes círculos, y por orden riguroso, uno tras otro, cuando
estaban a punto, picaban verticalmente hasta el ras de la tierra, descargando
sus ametralladoras. El efecto fue desastroso para los atacantes de la columna
roja. Dos o tres días después aún quedaban los despojos abandonados... El Tajo,
en esta parte, es el límite fronterizo entre los dos bandos. No hay, sin
embargo, frente permanente de combate, tratándose en es- te caso de un ataque
esporádico. Por su posición de centinela y de centro de aprovisionamiento para
el frente de Madrid, Talavera estaba expuesta a continuas incursiones de la
aviación enemiga, que, sin embargo, sólo de tarde en tarde, lograba filtrarse
burlando la vigilancia constante de la nacionalista.
Por
todos estos campos cercanos a Madrid hemos seguido el avance del Ejército,
vivaqueado con los soldados y aún soportado en la trinchera las contingencias
del combate...
Hemos
visto Santa Olalla, Maqueda, Santa Cruz del Retamar, Navalcarnero, Móstoles,
Yuncos, Illescas, Griñón, Valdemoro, Parla, Humanes, y cuántos otros
pueblos, duramente quebrantados que van quedando en retaguardia tras el avance
victorioso... Los rojos se retiran, pero no se van solos; sino que obligan a
toda la población a replegarse hacia el territorio que dominan, dejando aldeas
y ciudades desvalijadas, destrozadas y sin gente... Hemos visto casas
solariegas y palacetes mutilados; Iglesias pueblerinas huérfanas de santos y de
altares, olivares rotos por la metralla y entretejidos de zigzagueantes
alambradas, viñedos y trigales entre los cuales todavía parece rondar la
muerte, y en especial, esos campos desnudos inmediatos a Madrid, sobre los que
continuamente golpea el obús... A los lados del camino, automóviles y carros de
combate inutilizados, de vez en cuando, las alas quebradas de un avión, fosas a
medio cubrir en las que están asomándose carnes putrefactas, cadáveres
insepultos y generalmente ennegrecidos junto a las cenizas de una hoguera...
Por todas partes el vacío y la muerte van dejando a su paso las hordas de
Moscú... Algunos habitantes que han logrado burlar el obligado éxodo,
escondiéndose en los subterráneos, en los tejados, en las quiebras de los
montes, en los montones de paja de las eras, vendrán a los nacionales y dirán
los excesos de odio y exterminio, las soeces profanaciones, las huellas del
incendio, del saqueo, del asesinato, de la violación...
Pero
ya Tella marcha sobre Getafe, Barrón toma Leganés, Monasterio cubre el Cerro
de los Ángeles, Asensio ocupa Alcorcón, y Castejón se pone a la vista de la
Casa de Campo... Forman una cuña, que siguiendo la pista de las tres
carreteras convergentes, irá a clavarse en los barrios extremos de Madrid...
Luego, con la caída del Polvorín de Retamares, la "Casa Roja" de la
carretera de Extremadura, Carabanchel y Villaverde, se formará un semicirculo
que remache por los puentes de Segovia, Toledo y la Princesa... Y después
todavía, se intentará el cerco total de la ciudad...
La
España nacional espera con ansiedad el anuncio de la reconquista de Madrid para
prender las luminarias y dar al viento las insignias que están ya listas en
todas su ciudades.
"Son
ya veinte días de espera, escribíamos el 27 de Noviembre. Y con razón los
pechos palpitan de impaciencia, porque hay madres sin sus hijos e hijos que
esperan a sus madres, porque hay un Madrid que se aniquila ante el dolor de los
unos y el gesto neroniano de los otros.
"Confiaba
el optimismo de las gentes en que su Ejército victorioso habría de desalojar
rápidamente de la Capital a las huestes derrotadas, sin moral, sin disciplina,
sin mandos, a pesar de que fuesen muchos miles más que las fuerzas sitiadoras.
"Y
en ello estaban conformes con la propia técnica guerrera, porque estando la
ciudad bajo el dominio de la Artillería, es inútil defenderla desde su
interior, pues la medida de la resistencia posible estará determinada, cuando
más, en razón inversa del volumen de metralla que sobre ella se arroje.
"El
Tercio y los Legionarios, atenaceando a Madrid por sus tres direcciones y
dejando libre para la escapada tan sólo la carretera de Valencia, encontraron
el Manzanares como un reptil erizado de ametralladoras y de cañones rusos y
cada casa de la ciudad convertida en vomitadero de fuego. Se apoderaron, sin
embargo, de las trincheras de hormigón armado, pasaron el río por un puente de
barcas y llegaron hasta la Ciudad Universitaria que actualmente los acoge y les
sirve de basé para continuar conquistando, casa por casa, metro por metro, toda
la extensión de la ciudad rebelde.
"Pero
la tragedia de Madrid continúa. Veinte días ya y no sabemos hasta cuándo.
Dentro de sus muros, codiciando sus riquezas, alientan la tea incendiaria
genízaros de todas las naciones, rusos y checoeslovacos, franceses y asiáticos,
amalgamados con la escoria de los alemanes, italianos, belgas, expulsados de
sus tierras por inadaptados y peligrosos, que forman la columna internacional
dueña de la urbe, sobre la que se erige como supremo arbitrio la voluntad de un
déspota moscovita.
"Porque
ha de saberse que los milicianos españoles, abandonados de Azaña, Martínez
Barrio, Largo Caballero y demás Jefes que sólo les han dado el valor de carne
de cañón, juegan un rol enteramente secundarlo, al servicio de Rossemberg y de
sus secuaces, verdaderos amos de Madrid.
"Han
comprendido que las tropas de Franco quieren rescatar su ciudad, y no ruinas
miserables, y por eso se hacen fuertes, seguros de que sus existencias están
poco menos que avaladas por la de Madrid, y suponen que así, al cobijo de sus
muros, como en El Escorial, pueden seguir gozando su sadismo".
Al
persistir la resistencia se convierte toda la población en objetivo militar y
campo de batalla, será bombardeada sin limitaciones, a excepción de la zona
reservada para no combatientes que se señala entre la calle Diego de León y
Paseo de la Castellana, Paseo de la Ronda, entre el Pasco Hipódromo y Guindalera,
comprendida la plaza y edificios de los Ministerios, zona que se ha respetado
ampliamente a posar de haberse convertido por los madrileños en centro de
Instrucción militar, depósito de municiones y campo de actividades bélicas...
Leganés, que bien puede decirse un suburbio de Madrid que
se alarga por las líneas de sus tranvías, tiene un Cuartel y delante, una
explanada, desde la que una batería desencadenaba la borrasca fulminante de sus
pesados obuses sobre las posiciones rojas... A menos de veinte metros, tras
de cada disparo, nos llega el aliento cálido de esas bocas de fuego, y después
del estampido, aún podíamos oír como se alejaba, silbando, el mortífero emisario,
para estallar momentos después con una gran columna de humo y de escombros, Un
sargento anuncia: "Aviación, preparar máscaras". Suspenden el
bombardeo, cubren rápidamente los cañones con ramas verdes, y vemos en efecto
pasar varios aviones enemigos por un costado sin intentar el ataque, Minutos
después y casi de sorpresa, tres trimotores vienen sobre nosotros, En medio de
la explanada, oigo el llamado de unos soldados y corro al hueco cavado junto a
unos muros donde se protegen, Funcionan las armas antiaéreas, estallan las
bombas enemigas onda vez más cercanas, se oye una nueva y formidable explosión
y, por fin, se aleja el ruido de los motores. Pasado el peligro, llenos de
tierra, otra vez en la superficie, se reanuda sin pérdida de tiempo el retumbar
de los cañones, mientras un artillero, exánime, con el costado desgarrado, es
conducido por sus compañeros a la ambulancia...
Desde
una casa de varios pisos de Carabanchel observamos a Madrid tan de cerca, tan
al alcance de la mano, emergiendo de él la inmensa mole del Palacio Real, La
Telefónica, Bellas Artes, Palacio de la Prensa, torre de la Iglesia de Santa
Cruz, el arbolado del Retiro... Es una ciudad agónica, batida constantemente
por la muerte, tiene ya "el frío de mausoleo".
Aquel
día le tocó a la aviación nacional. Varias escuadrillas convergen sobre Madrid.
Se reúnen sesenta aviones, mitad cazas y mitad de bombardeo. Los primeros se
sitúan a gran altura, observando vigilantes como águilas sobre su presa. Los
otros, cubriendo una gran extensión, lanzan su carga explosiva, y cuando la
concluyen, regresan tranquilamente, siempre custodiados por los ágiles cazas.
Ocho
de este tipo, sobre las líneas de fuego, avistan una escuadrilla enemiga más
numerosa, y traban combate. Se forma un entrevero indescriptible de mil
círculos que se cortan y se entrelazan, del que van cayendo, uno a uno, hasta
seis aviones alcanzados por la metralla. Mientras tanto en tierra la lucha se
suspende, y la emoción de todos se cifra en los colores de las alas…
---
Prisioneros
y evadidos dan cuenta de lo que pasa dentro de los muros de la ciudad. "Se
cierne la tormenta pavorosa... La mayor parte de las calles tiene el pavimento
levantado y muchas están minadas... Se ven parapetos de adoquines y cemento;
grandes montones de municiones y explosivos. El veneno ruso está preparado,
como último recurso de desesperación, en forma criminal de productos tóxicos y
de gases asfixiantes... Grandes caravanas de ancianos, mujeres y niños, huyen
de la capital arrastrándose por las salidas de Levante, llevando a cuestas sus
ajuares..."
"Aquella
ciudad, podríamos decir repitiendo las frases de un historiador de Jerusalén,
no se rendía ni ante la generosidad ni ante la muerte... El día en que nos
rindamos, ése será el último de nuestra vida, decían al pueblo los obcecados
judíos. Pero había un enemigo, de aspecto descarnado y triste, el hambre que,
con su paso lento, pero seguro, minaba la resistencia... Los emisarios de Tito
que les intimaban rendición nada conseguían, preferían morir antes que
rendirse. Y apretando sus manos, las levantaban rabiosamente contra
ellos..."
Las
proclamas lanzadas por los aviones de Franco llevan su mensaje ofreciéndoles
generosas condiciones para que se rindan. A los de Madrid, como a los de
Bilbao, ha dicho: "Os engañan quienes quieren prolongar vuestra
resistencia, amenazándoos con falsas leyendas de prisioneros sacrificados nada
tienen que temer quienes voluntariamente se entreguen. Os ofrecemos una paz
justa y generosa, sin rencores ni pasiones, una paz católica. El respeto de la
vida para cuantos se entreguen de buen grado, la libertad para los combatientes
que no tengan responsabilidades de crímenes y desmanes. Someter a los
tribunales de justicia a quienes aparezcan responsables de delitos. En el orden
político y social, disfrutar de una propiedad nueva del Estado, con una labor descentralizadora,
de respeto a las peculiaridades y a las tradiciones comarcales, con una
justicia social efectiva y rápida, con un sentido católico tradicional, con ese
espíritu dinámico de nuestras Juventudes ansiosas de crear una España unida,
grande y libre, que es la característica del nuevo Estado. Aún es tiempo de
evitar mayores males. Deponed las armas antes que conquistados por la fuerza,
tengáis que someteros a los dictados de los vencedores".
Un
testigo presencial nos cuenta "Una Mañana en Madrid": Dice así:
"A
las nueve y media de la mañana, penetro en el parque de la Casa de Campo,
situada al oeste de Madrid, a quinientos metros del Palacio. Milicianos y
paseantes cruzan en ese momento la plaza, donde el sol, bien ardiente este
verano, presagia una atmósfera de día de fiesta. Sigo una avenida del parque,
donde encuentro guardias de asalto, milicianos y milicianas, encargados de
recibir y custodiar a los prisioneros. En efecto, desde el comienzo de la
revolución el parque se ha convertido en "parque de prisioneros".
Llego a un campo raso, en el centro del cual hay una fuente disecada de unos
veinte metros de diámetro, rodeada por un alambrado de fierro. Doscientas cincuenta
personas están amontonadas en este recinto cerrado. A juzgar por las
apariencias, estos prisioneros pertenecen a la pequeña burguesía. Veo a una muchacha
de quince años, vestida de verde, cuya ropa aparece rota y que está aferrada al
cuello de su madre; cerca de ellos un matrimonio de unos cincuenta años se
mantienen estrechamente abrazados; la mujer ha colocado la cabeza sobre el
hombro del marido. Un hombre solo, de rodillas, parece re- zar. Tiene cincuenta
años y el rostro demacrado. Un rumor confuso sale de ese grupo, donde aún
distingo algunas muchachas. Una vieja señora tiene de la mano a un joven de
veinticinco años.
"La
profundidad de la fuente es de dos metros más o me- nos. Una quincena de
milicianos y milicianas, con el fusil en la mano, están alineados a su
alrededor. Algunos están reunidos sobre un declive semi-circular que se
desploma sobre la fuente.
"De
improviso, los hombres de este grupo descubren dos ametralladoras disimuladas
bajo un toldo de tela, a cinco o seis metros del alambrado. Inmediatamente,
terribles alaridos se elevan entre los prisioneros-alaridos de terror que
pronto se convierten en gritos de dolor, en quejidos, porque las dos
ametralladoras han comenzado a funcionar. El primer hombre que veo caer es el
que estaba de rodillas. Horrorizado, aparto la vista del terrible espectáculo.
La ametralladora continúa funcionando durante cinco minutos, constantemente
coreada por gritos de muerte. Escucho, a cada instante, que los prisioneros
gritan con angustia: "Perdón ¡Por el amor de Dios!"
"Cuando
vuelvo la vista a la fuente, todos los prisioneros están muertos o heridos. La
sangre corre por todas partes. La muchacha de verde, que aún no ha muerto,
lanza gritos de dolor. Los milicianos y las milicianas miran este espectáculo
con perfecta indiferencia.
"La
ametralladora se interrumpe. Oigo que muchos milicianos dicen: "Campsa...
Campsa..." Luego, un camión cisterna amarillo y rojo, se aproxima a la
fuente. Es un camión petrolero del monopolio del Estado. El camión da media
vuelta a fin de presentar su parte posterior ante la fuente. Tres milicianos se
apoderan del conducto de caucho que sirve para vaciar el contenido de la
cisterna y lanzan un chorro de petróleo sobre los muertos y los heridos. De
nuevo, una ráfaga de gritos horribles se eleva del montón de cuerpos. Un miliciano
se aproxima con una antorcha de paja encendida. No puedo soportar este
espectáculo y me alejo unos cien metros. Llamas de cinco a seis metros de alto
se elevan por encima de la fuente. Gritos, quejas, y un olor terrible llegan
hasta donde estoy. Cubierto de sudor, a punto de desvanecerme, me alejo aún y
entro a la ciudad, aplastado por la pesadilla vi- vida de que acabo de ser
testigo.
"Se
me asegura que este género de matanzas se realiza todos los días en el mismo
sitio, y que sólo varía el número de los prisioneros reunidos en la siniestra
fuente.
"Parece
que muchas de las muchachas que figuraban en el grupo de los prisioneros fueron
violadas varias veces durante la noche. Estos diversos prisioneros no fueron
sometidos a ningún proceso. En calidad de sospechosos, los milicianos los
detuvieron arbitrariamente. Estos milicianos (de los cuales muchos son reos de
delitos comunes que los comunistas han liberado y armado), se arrogan el
derecho de proceder a estas ejecuciones, que se efectúan siempre al día
siguiente de la detención. No, es preciso decir que las víctimas son cuidadosamente
despojadas de todos los objetos de valor que llevan encima; sus casas son
objeto de un pillaje sistemático. No ignora el gobierno estas terribles
escenas, pero es inútil que trate de prohibir las llamadas visitas
domiciliarias. Es incapaz de contener a sus tropas".
Y
por si se dude de este impresionante testimonio que "La Revue de
Paris" mantiene en el anónimo, para evitar a su autor los males
consiguientes, vaya éste, de Felipe Sassone: "Hable, Sassone!! ¡¡Hable!!!
"Fue,
iba a decir terrible, fue asqueroso, Madrid se convirtió en un degolladero.
Cada miliciano rojo, asegurada la impunidad y alentado enfáticamente desde el
Gobierno, se volvió una bestia sanguinaria. ¡No!, una bestia sanguinaria, no.
Estoy insultando a las fieras. Ellos mataban por el sólo placer de ver los ojos
de estupor que ponían sus víctimas inocentes... Asesinaron a todos los
compañeros de A. В. С. a los de "Informaciones", "El
Debate", "Ya" y a los de tantos otros diarios. Se ejecutaba sin
ninguna tramitación. Cual- quiera que no podía mostrar un carnet anarquista o
marxista, era fusilado. Ni siquiera preguntaban nombres. Se asesinaba en la
Casa de Campo, en el Retiro, en la Dehesa de La Villa; en todos los parques de
Madrid. El mayor número de ejecuciones se efectuaba en los bajos del Círculo de
Bellas Artes, Han vaciado la piscina romana y colocan en el fondo a todas las
víctimas que pueden caber. Después, desde los bordes, disparan con pistolas
ametralladoras, hasta que dejan de oírse gritos o lamentos y entonces llenan de
cuerpos sangrientos unos camiones para llevarlos a la Casa de Campo y allí
quemarlos con gasolina, sin tomarse siquiera la molestia de comprobar si todos
están muertos". –
"Entre
todos los actos canallescos que se están realizando pocos superan al siguiente:
El famoso médico militar doctor Gómez Ulla, querido por todos los españoles,
porque con sus hábiles manos había vuelto a la vida a cientos y cientos de
personas, fue llamado por un grupo de milicianos, que le hicieron abandonar una
difícil operación. Como rogase que le permitieran terminarla, fue insultado por
los milicianos, que lo ataron y condujeron hasta la cama donde agonizaba un
anarquista con una bala alojada en el cerebro. Allí, pistola en mano, le
exigieron que extrajese el proyectil y como el desgraciado que estaba herido de
muerte, falleciera después de la operación, fue conducido al jardín del
Hospital Militar, donde en presencia de los restantes médicos, le cortaron ambas
manos con un machete y después le fusilaron. Dijeron que se trataba de un
ejemplo a los demás médicos para que no traicionasen a la causa del pueblo. Así
murió uno de los cirujanos más famosos del mundo..."
---
El
mapa de la batalla de Madrid se ha mantenido con pequeñas modificaciones,
después de la retirada de Guadalajara y de la fracasada ofensiva de Miaja. Los
gobiernistas, posiblemente tienen la superioridad numérica a su favor, y la
ventaja de la fácil movilidad de sus efectivos dentro del recinto que
defienden. Las brigadas internacionales cubren las más importantes trincheras
de la defensa en Puente Segovia, Ciudad Universitaria, Casa de Campo, Las
Rozas, Villanueva de la Cañada, Valdemorillo y entre el Escorial y Guadarrama.
Las tropas de Franco ocupan puntos estratégicos como el Cerro de los Ángeles y
dominan todos los caminos y líneas férreas que salen de Madrid, salvo la
carretera directa a Valencia y la indirecta por Guadalajara al mismo punto,
únicas vías de aprovisionamiento de la capital.
¡Esa
es la tragedia de Madrid! ¡Los esfuerzos inauditos que han hecho sus defensores
para romper el cerco en celebración del aniversario de la República, han
fracasado como la República misma, logrando tan sólo acrecentar en muchos miles
más el ingente número de víctimas... Y hasta es posible que obtengan triunfos
momentáneos; pero de ahí no pasarán si es llegada la hora de ajustar cuentas a
ese Madrid escéptico como Larra, pesimista y sombrío, sin fe ni esperanza, como
Zola, Dostoeiuski, Gorki; de ese Madrid pedante y trivial, demoledor de los
valores patrios, erigiendo pedestales al descreimiento religioso, mientras pasa
por las armas al Nazareno del Cerro de los Ángeles...
Muchos
madrileños parodiando quizá la voz ronca, temible, siniestra, del loco de
Jerusalén, gritarán por los cuatro costados ¡salgamos de aquí, salgamos de
aquí! y no pudiendo lo hacer, volverán sus ojos, como el loco, para decir:
"¡Ay de ti, ciudad, templo y pueblo!"...
Aún
llueve fuego sobre Madrid y aumentan las ruinas y la sangre, y aún continuarán
marchando sobre él, batallones y batallones, como legiones de otras épocas, a
reforzar el asedio de la ciudad rebelde de la que quizá no se haya dicho:
"No quedará piedra sobre piedra".
MENCIÓN A TOLEDO Y EL ALCÁZAR
Todas
las plumas de España han temblado de emoción ante Toledo, donde aún monta
guardia el centinela perenne del Alcázar. ¡La mejor gesta de la guerra, que no
pudo sepultar la dinamita ni quebrantar la intromisión diplomática ni las
prédicas traidoras de un clérigo cobarde!!!
Las
grietas y desgarraduras, el montón de ruinas monumentales, en que se
materializa la nueva epopeya de la ciudad imperial, no nos hablan de dolores y
lágrimas, porque si se ha sufrido estoicamente ¡no se ha llorado en el Alcázar!
Flotando sobre aquellos, el espíritu de la raza, recoge la voz de España
inmortal para proclamar la excelsitud del gran- triunfo...
Triunfo
del espíritu que no muere, sobre la materia caduca, triunfo de la fe sobre la
duda que acobarda y mata...
Hemos
llegado hasta este templo de heroísmo y con la misma unción del peregrino,
visitamos las dependencias ruinosas, en que cada piedra descuajada es un
monumento, y donde derruidas las cuatro torres alcazareñas, quedan en pie
Moscardó y los suyos como los mejores pilares de la España que renace...
¡Alcázar,
Templo de la patria, lugar de meditación y recogimiento!... A vuestras plantas
murmura el Tajo su oración eterna, que a veces es lamento y a veces es canción.
Y luego, marchando con las ondas, llegan sus acentos hasta el mar azul, donde
América española los recoge para sublimarios en el mismo anhelo de oración.
Fuentes:
-
Vela Monsalve, Carlos. 1937. “España después del 18 de
julio”. Editorial Splendor. Santiago.
- Baumann, Gerold Gino. 2009. "Los Voluntarios latinoamericanos en la Guerra Civil Española". UCLM.
- Blog “Carlos Vela
Monsalve”. https://carlosvelamonsalve.blogspot.com
Notas:
1. Por favor, si copias, no me importa, pero cita el blog https://vestigiosguerraciviltoledo.blogspot.com